Joseph Ratzinger se despierta todas las mañanas a las 6.30-6.45 horas,
en los apartamentos pontificios en el tercer piso del palacio apostólico.
Después de su higiene personal recorre el pasillo que lo lleva casi hasta la
capilla privada de los apartamentos, donde a las 7.30 celebra misa.
Después del rito, hacia las 8, permanece en plegaria con el breviario, y en
tomo a las 8.30 pasa algunas decenas de minutos en el comedor,
desayunando con sus más estrechos colaboradores. En la mesa el papa
prefiere leche, café descafeinado, pan con mantequilla y mermelada y,
raras veces, un trozo de pastel.

Para ocuparse de sus exigencias en la residencia están las personas
de la familia pontificia. Ante todo el equipo de los apartamentos: Paolo
Gabriele, ayudante de cámara del papa, una especie de mayordomo, y las
Memores Domini de Comunión y Liberación, Carmela, Loredana,
Cristina y la última en incorporarse, Rossella, que desde diciembre de
2010 sustituye a la romañola Manuela Camagni, muerta atropellada en la
Nomentana, en Roma, en una de sus raras salidas fuera de la puerta de
Santa Ana. Cuatro colaboradoras laicas a las que no se les escapa ninguna
solicitud u observación del Santo Padre. Luego están los dos secretarios
particulares. El más conocido es el padre Georg Gánswein, presbítero y
teólogo alemán con un pasado de vicario de la catedral de Friburgo, hasta
que llegó a Roma. En la capital ha dividido sus ocupaciones entre la
Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces dirigida por el cardenal
Ratzinger, y la cátedra de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad
de la Santa Cruz.6 Todos lo llaman padre Georg o don Giorgio. El
segundo secretario es el maltés Alfred Xuereb, de la diócesis de Gozo,
promoción de 1958, redactor de breves de la secretaría de Estado.
El estilo de vida de Benedicto XVI es casi monacal, los momentos
privados son compartidos con poquísimas personas. Un ejemplo
elocuente puede ser el almuerzo. Pablo VI se sentaba a la mesa con sus
secretarios. Juan Pablo II prefería imitar a obispos y cardenales, mejor si
eran polacos. Benedicto XVI está ligado a las Memores que cocinan,
mantienen en orden los apartamentos, escuchan y sonríen ante las
ocurrencias del pontífice. Come casi siempre con ellas. En particular, en
los fogones se alternan Loredana y Carmela, ambas pullesas, que siguen
los gustos sencillos del dueño de la casa. Platos de sabores fuertes con uso
constante de pimienta y guindilla. Primeros a menudo a base de pescado,
como los macarrones al salmón, uno de los platos preferidos del Santo
Padre. Para los segundos, en cambio, se prefiere la carne, que se cocina
todos los días a excepción de los viernes, cuando Ratzinger pide un plato
único a base de filete de pescado y verduras. Nada de crustáceos o de
manjares complicados. Por la noche menestras, sopas o una taza de leche.
El Viernes Santo la comida sencilla se vuelve frugal: un plato con patatas
heñidas y queso. La única excepción la constituye el postre: el preferido
es apodado jocosamente por el pontífice vírgenes borrachas, se parece a
una suave magdalena, aliñada con algunas gotas de licor.

La conciencia plena (mindfulness en inglés) es una disciplina científica cuyo
objetivo es el cultivo y ejercicio de la atención. Pero no se trata de prestar
atención sin más, sino de hacerlo sin juzgar ni evaluar.

Existen infinidad de textos ideados para cambiar nuestra manera de pensar,
la literatura de autoayuda está repleta de propuestas para «ser más felices». Sin
embargo, estas raramente nos aportan algo más que un fugaz atisbo de esperanza
en nuestros corazones mientras las leemos. En el momento de aplicar sus
«milagrosas» recetas a la vida real ocurre como con el monólogo que me aprendí
de memoria para seducir a la «chica de mis sueños»: simplemente no funcionan.

La práctica de la conciencia plena es, sin embargo, algo muy diferente y
alejado de las recetas de autoayuda al uso. Se trata de la antítesis de
desenvolverse por la vida en piloto automático. Y ha demostrado su eficacia para
gestionar «la mente del mono». Además, aporta numerosos beneficios
contrastados científicamente: regula la presión sanguínea, refuerza el sistema
inmunitario y nos hace más resistentes a las adversidades, al tiempo que expande
nuestra capacidad de ser más felices.

La atención es una habilidad que se puede entrenar y sus beneficios
aumentan con la práctica hasta el punto de que ya no hablamos de un mero
entrenamiento, sino de una manera de vivir y de moverse por la vida. Para ello
no basta con leerse un libro. Si queremos aprender a tocar el piano lo mejor que
podemos hacer es sentamos y empezar a darle a las teclas en lugar de leer un libro sobre cómo hacerlo. A menudo, en nuestra búsqueda interior, nos
quedamos anclados en la superficialidad del intelecto. Pero disponemos de una
estupenda herramienta de entrenamiento mental para desarrollar la conciencia
plena: la meditación.

Aprender a meditar entraña muchas ventajas, entre ellas un mejor dominio de
uno mismo y también una mayor capacidad de gestionar nuestras emociones.
La meditación ha acompañado al ser humano desde tiempos ancestrales y
muchos de nosotros incluso la practicamos con frecuencia sin saberlo.

Según comentan en tarot gratis, a menudo se la ha asociado con aspectos y conceptos poco científicos e incluso esotéricos, como cuando hablamos de la representación y significado de los sueños, hecho que ha provocado en muchos casos un injusto rechazo a todo lo que esta práctica nos ofrece. Una de las tendencias más extendidas es su asociación con contextos y lugares religiosos concretos,posturas corporales, rituales, melodías musicales y cierto misticismo cargado de incredulidad y a veces incluso de desprecio.

conciencia y videncia

El juicio y la culpa

Las personas tenemos unos sesenta mil pensamientos al día, aunque en
realidad tan solo somos conscientes de una ínfima parte de ellos. Funcionar en
piloto automático nos impide ser conscientes de lo que ocurre en nuestro interior,
por lo que el poder que ejercen todos estos contenidos sobre nosotros aumenta.
El piloto automático implica básicamente dos actitudes: el juicio y la culpa.

El juicio se refiere a la constante evaluación y valoración, así como al hecho de
catalogar los eventos a los que nos enfrentamos. La culpa conlleva en muchos casos achacar determinados fenómenos a los demás o a nosotros mismos. Estos
dos conceptos han sido ampliamente promovidos y reforzados por diferentes
doctrinas religiosas, y la verdad, sea todo dicho, es que en muchos casos no han
hecho sino aumentar las desgracias y el sufrimiento del ser humano, limitando y
acotando el verdadero poder del individuo.

Ser más conscientes, por medio de la práctica de la atención sin juicios,
representa un cambio sustancial en estas dos tendencias. Por un lado se suspende
la actitud de juicio y se reemplaza por una de discriminación de la realidad. Se
trata de observar con curiosidad lo que nos ocurre, de estudiarlo con
detenimiento en lugar de etiquetarlo de forma automática. Por otro lado, se
abandona el concepto de «culpa» para adoptar otro más profundo y benigno, el
de «responsabilidad». Nos responsabilizamos directamente y nos
comprometemos con lo que nos sucede, sin buscar culpables ni responsables y
por supuesto tampoco culpabilizándonos a nosotros mismos.

Este cambio sustancial de actitud conduce a un mejor entendimiento de la
realidad y sus fenómenos. Sencillamente tenemos acceso a más información ya
que nos abrimos a ella y, como todos sabemos, la información es poder. De lo
que se trata es de ser capaces de observ ar la realidad al completo y esto es algo
plagado de beneficios.

Muy a menudo quedamos atrapados en un contenido concreto de la realidad
convencidos de que lo que percibimos es la realidad en sí misma, cuando en
verdad nos limitamos a tan solo un aspecto de ella. En ocasiones es una emoción
la que nos arrastra no dejándonos ver todo lo demás, en otras es un pensamiento
al que nos enganchamos. Abrirnos a todos los aspectos disponibles significa sercapaces de obtener mayor información y eso nos facilita mucho las cosas, sobre
todo a la hora de evaluar de manera más holística e integradora las distintas
situaciones para poder decidir de manera equilibrada y sopesada.

Actualmente numerosos estudios científicos avalan cambios físicos en el
cerebro derivados de la práctica de la conciencia plena. Entre ellos destaca una
mayor activación de la parte frontal izquierda del cerebro, lo cual también se
asocia con una mayor predisposición al bienestar. Además, se relaciona con una
menor susceptibilidad a los estados negativos, así como a una mayor capacidad
de enfrentamos a ellos cuando ocurren. Y se ha constatado la proliferación de
neuronas en ciertas zonas concretas y el aumento de sinapsis (conexiones entre
neuronas) en otras regiones.

En el ámbito clínico, las aplicaciones de la conciencia plena hoy en día son
muy variadas, desde el dolor crónico, la depresión, la ansiedad o el estrés hasta
el tratamiento del cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la esclerosis
múltiple o la hiperactividad de los niños. Ser capaces de asentarnos en el
presente siendo más conscientes nos aporta muchísimos beneficios y contribuye
de manera significativa a nuestro bienestar.

Meditar es un ingrediente fundamental de la práctica de la conciencia plena
porque nos facilita el contacto con nuestro espacio interior y nos ayuda a tomar
decisiones desde ese espacio, con lo cual estas resultan más acordes con quienes
somos en realidad y con nuestras preferencias y anhelos más profundos.
Meditar procede del verbo meditare («medir» o «comparar» en latín).

Paradójicamente lo que se hace durante la meditación es todo lo contrario, es
decir, no comparar. Entre otras cosas porque al desvinculamos de nuestro flujode pensamientos como entidades que dan forma a nuestro yo, este se desvanece
y deja paso a un entendimiento superior, exento de comparaciones. No es posible
comparar ante la ausencia de un yo específico con el que ser comparado. Percibir
el mundo tal y como es, percibir en lugar de interpretar por medio del
conocimiento, esa es la puerta.

Cuando menciono que la meditación refuerza nuestra capacidad de ser
felices no me refiero solo a ser feliz en el sentido que comúnmente solemos
utilizar, sino también a ese aspecto de la felicidad no condicionada que se
relaciona con el hecho de poseer un propósito en la vida, un proceso de
desarrollo interior parejo al de nuestro cuerpo, un camino espiritual y compasivo
que es capaz de contagiar a los que nos rodean por puro acto de contacto. La
meditación es sin duda el camino del corazón.

Por desgracia, como he apuntado antes, multitud de culturas y religiones han
desvinculado esta práctica de su verdadero fin. Al igual que ha ocurrido con
otras ideas sobre los fundamentos inherentes al ser humano, esta se ha
descontextualizado y se ha disfrazado en beneficio de unos pocos,
principalmente con el objetivo de asegurarse el control sobre los demás. Quizás
haya llegado el momento de romper las cadenas y dejar atrás siglos de esclavitud
espiritual adorando a los vendedores de la verdad. Los fenómenos sociales
actuales exteriorizan de algún modo este sentir y este pensar innato a todos
nosotros que durante siglos ha permanecido agazapado, adormecido, aunque
nunca olvidado. Ellos, los manipuladores, lo saben y eso les asusta. Temen
desmesuradamente que las grandes masas sean capaces de dar lo que hoy se
llama «un salto de conciencia». Cada vez que alguien «despierta» y empieza aser consciente de verdad, disminuye su poder. Nada les aterroriza más que eso.
Como ves, a pesar de habernos internado de lleno en la caverna, vamos
vislumbrando poco a poco un pequeño hilo luminoso gracias al cual intuimos
que tal vez este no sea un lugar tan oscuro y hostil como puede parecer de
antemano. Es más, la caverna tal vez sea en realidad un esplendoroso palacio de
cristal.

Acceder al centro

Los seres humanos y las cebollas tenemos más en común de lo que podemos
pensar. En primer lugar, ambos somos productos de la naturaleza, crecemos, nos
reproducimos y morimos. Aunque a mí me gustaría resaltar aquí un aspecto más
metafórico: ambos tenemos capas.

Las capas de la cebolla resultan evidentes: las del ser humano, menos
manifiestas, no son algo de naturaleza física o material aunque sí observables a
simple vista.

La capa exterior está formada por varios elementos. En primer lugar,
tenemos lo que llamamos «personalidad». Se trata de una serie de características
que tanto nosotros mismos como los que nos rodean podemos apreciar con cierta
facilidad. Decimos que fulanito es muy tímido o que menganito es un ligón. En
función de estas apreciaciones solemos encasillar a las personas con las que
tenemos contacto, aunque este sea muy breve: atentas, serviciales, atrevidas.simpáticas, estúpidas, alegres y un larguísimo etcétera. El mero hecho de
catalogar y poner a cada una de ellas una etiqueta supone en muchos casos una
limitación, la cual actúa a modo de filtro que nos impide percibir aspectos más
sutiles de la persona que se encuentran alojados en capas más internas. Catalogar
supone un estrechamiento del cuello del embudo a través del cual filtramos la
información que nos llega.

En segundo lugar, además de la personalidad, en esta primera capa tenemos
el campo social en el que nos desenvolvemos. Se trata de un contexto compuesto
por reglas y preceptos que asumimos como válidos. Algunos son comunes a
todos, otros son meras asunciones que hacemos nosotros en función de nuestras
experiencias. Por ejemplo, alguien que ha sufrido desengaños amorosos o tenido
vivencias especialmente traumáticas en sus relaciones podría haber asumido el
precepto de «todos los hombres mujeres son malos/as», el cual actúa como una
regla categórica que limita su campo de ecuación.

En el contexto social, por medio de nuestras acciones y reacciones, nos
perfilamos de cara al exterior. Nuestras actuaciones a veces no concuerdan con
la idea de personalidad que los demás tienen de nosotros: eso suele
experimentarse como una discrepancia. Siguiendo el ejemplo anterior sería más
o menos así: fulanito/a es una persona cariñosa pero odia a los hombres.
Al internamos un poco más en esta estructura de capéis encontramos un
nuevo nivel con varios contenidos diferentes pero entrelazados. Se trata de
nuestros pensamientos, emociones, anhelos, sueños y sensaciones. A lo largo del capítulo los hemos tratado en detalle.

Finalmente llegamos al meollo de la cuestión, a nuestro centro: el corazón dela cebolla. Ese espacio difícil de definir con palabras precisamente porque es
más fácil acceder a él mediante la experiencia que mediante el lenguaje. Si
tuviéramos que escoger una palabra para hacerlo, con toda probabilidad
utilizaríamos «paz». Una vez que nos adentramos en él las definiciones se hacen
absolutamente superfluas e innecesarias porque no hacen sino acotar una
experiencia a todas luces indescriptible y, en cualquier caso, muy diferente en
sus matices para cada uno de nosotros. Todos hemos experimentado alguna toma
de contacto con nuestro propio centro e intuimos su presencia de manera natural,
como algo genuinamente nuestro. Lo que ocurre es que en gran medida
perdemos ese contacto vital al estar en exclusiva embebidos en nuestro mundo
exterior.

A continuación te propongo varios ejercicios para empezar a pelar la cebolla.
No tengas prisa, tómate el tiempo que haga falta. Recuerda en todo momento
que experimentar es la prioridad, así que empieza por dejar de lado cualquier
evaluación que te diga cuál debería ser tu evolución, el ritmo al que deberías
avanzar o el estado que te gustaría alcanzar. Se trata de abandonar las
expectativas pero mantenerse expectante.

Bienvenido a nuestra página web, un lugar donde vamos a explicar 50 proyectos que estamos desarrollando para favorecer determinados países de África.

Vamos a daros detalles de estos 50 proyectos que llevamos, cómo financiamos dichos proyectos, qué finalidad tienen, así como detalles de personas que nos están ayudando y que generalmente lo hacen por amor a los demás.

Queremos daros las gracias y animaros a que os suscribáis a la lista de correo